"In Honorem Mulieris" - "En honor a la mujer".

El Día Internacional de la Mujer es una fecha para reconocer la dignidad, el valor y la contribución de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad: la familia, la educación, la cultura, el trabajo y la fe. A lo largo de la historia, las mujeres han demostrado una gran fortaleza, sabiduría y capacidad de amor y servicio. Esta celebración también invita a reflexionar sobre la importancia del respeto, la igualdad de oportunidades y el reconocimiento del papel fundamental que las mujeres desempeñan en la construcción de una sociedad más justa y humana. 

Desde la perspectiva cristiana, la Biblia resalta en muchas ocasiones el valor, la dignidad y la sabiduría de la mujer como parte esencial del plan de Dios para la humanidad. “Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.” (Cf. Pr. 31,10); “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.” (Cf. Ga 3,28). 

La mujer ha sido, a lo largo de la historia, un pilar fundamental en la construcción de la sociedad. Su entrega, dedicación y capacidad de amar han permitido formar generaciones con valores, esperanza y fortaleza. Hoy queremos expresar un profundo agradecimiento a todas las mujeres por su incansable labor, por su valentía frente a los desafíos y por su compromiso diario con el bienestar de quienes las rodean.

Dentro de la familia, la mujer ocupa un lugar esencial como eje central del hogar. Con su sabiduría, paciencia y ternura, guía, educa y fortalece los lazos que mantienen unida a la familia. Muchas veces, con pequeños gestos de amor y sacrificio silencioso, construye un ambiente de armonía, respeto y comprensión que se convierte en el fundamento de una sociedad más humana. A cada mujer, madre, hija, hermana, abuela y amiga, gracias por su dedicación, por su ejemplo y por el amor que siembran cada día. Su presencia y su labor son un verdadero regalo para la familia y para toda la humanidad.

La mujer encuentra en la Virgen María un modelo perfecto de amor, fe, humildad y entrega. En ella contemplamos a una mujer llena de gracia, que supo confiar plenamente en Dios y aceptar con valentía la misión que le fue encomendada. Su vida nos enseña que la verdadera grandeza se encuentra en el servicio, en la sencillez del corazón y en la fidelidad a los valores que construyen la familia y la sociedad.

Así como la Santísima Virgen María fue madre amorosa, protectora y guía, muchas mujeres hoy reflejan ese mismo espíritu en sus hogares. Con paciencia, ternura y fortaleza, acompañan a sus hijos, sostienen a sus familias y siembran amor en cada uno de los espacios donde están presentes.

Que el ejemplo de la Virgen María inspire a todas las mujeres a seguir siendo luz, esperanza y fortaleza para el mundo. Su fe y su confianza en Dios nos recuerdan que el amor, la humildad y la entrega sincera tienen el poder de transformar los corazones y construir un futuro lleno de paz y fraternidad. Hoy damos gracias por cada mujer que, siguiendo el ejemplo de María, vive con generosidad, fe y amor, siendo bendición para su familia y para toda la humanidad.

Mensaje del padre rector para las mujeres que trabajan en nuestra casa de formación llamado: Gratitud

Hoy nos convoca algo más que una celebración; nos convoca la gratitud. En este día queremos detenernos un momento para mirar con el corazón a quienes, con su trabajo silencioso y constante, hacen de esta casa de formación un verdadero hogar.

 Hoy queremos honrar a las mujeres que, desde distintos lugares, sostienen la vida cotidiana de este seminario. A ustedes, que trabajan en la cocina y que con sus manos preparan no solo alimentos, sino también gestos de cuidado y de cariño que alimentan el cuerpo y el espíritu. Porque cada plato servido con dedicación es también una forma de amor.

 A ustedes, que con su labor en los servicios generales y en el aseo mantienen estos espacios limpios y dignos. Su trabajo, muchas veces silencioso y discreto, permite que esta casa sea un lugar ordenado, acogedor y digno para todos. En cada pasillo limpio, en cada salón cuidado, hay un mensaje profundo: alguien se preocupa por los demás.

 A ustedes, docentes, que con paciencia y sabiduría ayudan a formar no solo la inteligencia, sino también el corazón de quienes se preparan para servir a la Iglesia. Educar es sembrar futuro, y cada palabra, cada enseñanza y cada consejo deja una huella que muchas veces solo el tiempo revelará.

 Y a usted, que desde la secretaría organiza, orienta, recibe y acompaña. Su trabajo es el puente que conecta tantas responsabilidades y tantas personas. En su servicio hay orden, disposición y una constante actitud de ayuda que sostiene el ritmo de esta institución.

Tal vez muchas veces su trabajo se vive en la sencillez de lo cotidiano, en tareas que parecen pequeñas. Pero el Evangelio nos recuerda algo muy profundo: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho” (Lc 16,10). Y ustedes son fieles cada día en lo pequeño, en lo constante, en lo que sostiene la vida de esta comunidad.

En un seminario, donde se forman quienes mañana servirán al pueblo de Dios, su presencia también educa. Porque el servicio humilde, la responsabilidad y la entrega que ustedes viven cada día son una verdadera lección de vida.

Hoy queremos decirles algo que quizá no se dice lo suficiente: gracias. Gracias por su esfuerzo, por su paciencia, por su dedicación, por su sonrisa incluso en los días difíciles. Gracias porque con su trabajo hacen posible que esta casa funcione, que esta comunidad crezca y que esta misión continúe.

 Que nunca olviden que su labor tiene un valor inmenso. Lo que ustedes hacen cada día no solo sostiene una institución; también construye comunidad, dignifica la vida y refleja el amor con el que Dios cuida de sus hijos.

Que Dios bendiga sus manos trabajadoras, su generosidad y su corazón. Y que María, mujer sencilla de Nazaret, que supo servir con amor en lo cotidiano, sea siempre inspiración y compañía para cada una de ustedes.

Hoy el Seminario Conciliar San José de Tunja les dice con profundo cariño y respeto:

Gracias por su vida, gracias por su servicio, y feliz Día de la Mujer.